¡Se nos Acaba el Ibuprofeno!

El problema de la Argentina no se resuelve con política monetaria, el problema es estructural y necesita soluciones estructurales.  Entendamos que el dólar no sube ¡el peso baja!  Y no es una chicana semántica, son dos cosas muy diferentes.  Y el peso no baja por malas políticas monetarias, el peso baja porque gastamos más de lo que recaudamos.  Además, gastamos mal, porque es gasto improductivo.  Hasta que no entendamos esto, y tomemos las medidas adecuadas, lamentablemente seguiremos haciendo ajustes monetarios que van a ser, en el mejor de los casos, un paliativo que trae aparejado un alto costo.  Para evitar que la relación peso dólar se vaya a valores políticamente incorrectos vemos cómo se sigue apostando a secar la plaza de pesos pagando una tasa de interés casi pornográfica: le cambiamos el nombre y la cosmética al instrumento, pero esencialmente es lo mismo.  Cuando el diferencial de tasas acumulado (entre el peso y el dólar) haga insostenible la paridad actual y volvamos a ver una corrida cambiaria no nos sorprendamos.  No va a haber sido algo inesperado, es lo que va a ocurrir, mientras tanto habremos seguido perdiendo competitividad, productividad, empleo, y, sobre todo, esperanza.

La única manera de que esto cambie, es empezar a no gastar más de lo que se recauda, y que el gasto sea productivo.  Es duro decirlo, pero mientras sigamos teniendo un gasto social, improductivo, clientelista y voluntarista, seguiremos pasando de corrida en corrida.  La única manera de salir de esta situación es cambiando la cultura del trabajo de la gente que hoy no trabaja y vive colgada de un plan.  O generamos un cambio cultural en este sentido, o este es un pozo que se va a hacer cada vez más grande y más profundo.  Si la gente que genera riqueza y paga impuestos es cada vez menos, y la gente que vive sin generar es cada vez más, no hay solución.  La única manera es la de generar un profundo cambio cultural y llevar a la gente a comprender que una sociedad no se puede sostener si la gente no aporta con su esfuerzo.  Necesitamos revalorizar la palabra “trabajo”.

Para llevar la discusión a planos mucho menos económicos, lo que venimos haciendo es darle ibuprofeno a un paciente que tiene una infección severa.  Mientras no le demos el antibiótico correspondiente la infección seguirá haciendo su daño, el ibuprofeno le aliviará momentáneamente lo síntomas, pero no lo va a curar.  El efecto de cada dosis de ibuprofeno será cada vez menor, hasta que deje de aliviar al paciente.

Obviamente con esto no se pretende arreglar la totalidad del problema.  Se necesita una reforma fiscal y su correspondiente reforma laboral, pensar una política industrial sostenible, repensar el mercado de capitales, entre otras cosas, pero empezar a repensar el gasto sería un buen punto de partida.