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Es bastante común pensar que la rentabilidad de la empresa es responsabilidad del CFO, Director Financiero o de quien se ocupe de las finanzas de la empresa. Esta es una falacia muy cara. La rentabilidad de la empresa es la resultante de las acciones de cada uno de sus integrantes; quien maneja las finanzas, es simplemente el coordinador de los esfuerzos de todas las personas que la componen. Así como cada uno de los integrantes de la organización es responsable de los recursos humanos a su cargo ¡cada uno de los integrantes de la organización es responsable por su rentabilidad!
El Concepto de Rentabilidad
Empecemos por comprender que es rentabilidad: la vamos a definir como lo que se obtuvo, con respecto a lo que se invirtió, dado el tiempo transcurrido desde el momento de la inversión. Más concretamente la rentabilidad se define como lo que se obtuvo dividido lo que se invirtió, en un determinado período de tiempo. La rentabilidad tiene tres componentes básicos: (i) el margen, que se define como el beneficio que queda después de pagar todos los gastos dividido por las ventas; (ii) la rotación, que es lo que se vende dividido la inversión que se tuvo que realizar para lograr esas ventas, y; (iii) el apalancamiento, que mide la cantidad de fondos invertidos por los accionistas con respecto a los fondos aportados por terceros que ayudaron a financiar la operación. Es común que la gente defina, erróneamente, rentabilidad como margen; esto es un error, ya que –como vemos- no contempla dos elementos fundamentales de la definición de rentabilidad, que son el monto invertido y la manera en que se financió. De esto se desprende que:
Rentabilidad = Margen x Rotación x Apalancamiento
De lo dicho se desprende que para mejorar la rentabilidad de una organización necesitamos: (i) aumentar lo que el negocio deja “limpio” después de pagar gastos; (ii) disminuir la inversión realizada, o; (iii) conseguir que algún banco nos acompañe en la inversión financiando una parte de la misma. Como vemos la idea es muy sencilla, pero su implementación requiere de cierto cuidado. Para generar más retorno tendremos que pensar en maneras de facturar más y/o tener menos costos. Para tener menos inversión, es crucial ser conscientes de que cada peso invertido se convierte en un freno a la rentabilidad porque necesita generar un mayor retorno que justifique haber realizado la inversión. Adicionalmente podemos conseguir que un inversor financiero (por ej. un banco) financie una parte del negocio, pero recordemos que esto aumenta su riesgo por lo que deberíamos pedirle un mayor retorno para compensarlo.
La inversión en la empresa se divide en: (i) inversión en activos fijos e; (ii) inversión en activos corrientes. En la jerga financiera a la primera se la suele llamar el CAPEX (por inversión de capital), y a la segunda OPEX (por inversión en activos operativos). Maquinarias, terrenos, e inmuebles, son ejemplos de lo primero, mientras que el financiamiento a clientes y los inventarios son clásicos ejemplos de lo segundo. Es interesante notar que nadie hace inversión en CAPEX sin un análisis de rentabilidad o sin una búsqueda concienzuda de fondeo. Sin embargo, este no es el caso de las inversiones en OPEX, que suelen ocurrir sin que los directivos de la empresa hayan tenido ninguna intención de invertir, por ejemplo: cada vez que se crece, tanto estructural como estacionalmente; o cada vez que se modifican las condiciones comerciales u operativas.
De hecho, uno de los principales enemigos de la rentabilidad de numerosas empresas es la inversión “sin querer” que se realiza en OPEX; inversión que no suele tener un análisis de inversión ni de financiamiento asociada. Es más, la inversión en OPEX se suele realizar sin ni siquiera saberlo. Muchas veces los directivos se sorprenden por el nivel de crecimiento que han tenido de sus activos corrientes, y generalmente éste no viene asociado con una mayor generación adicional de margen adecuada.
De quien depende la rentabilidad
Tanto el margen como la inversión y el apalancamiento, dependen de varios actores dentro de la organización. Éstos trabajan en diferentes áreas de la organización, no exclusivamente en el departamento de finanzas. De hecho, la mayoría de los gastos, los niveles de inventario, las condiciones comerciales a clientes, el nivel de inversión en planta y otros activos, entre otros, no dependen directamente de finanzas sino de otras áreas operativas. Incluso el estilo de toma de decisiones, los niveles de autorizaciones necesarios, y hasta las relaciones informales entre las diversas áreas de la empresa, tienen un profundo efecto en la rentabilidad de la organización. Es absolutamente crucial que la dirección, y cada uno de quienes hacen la empresa, comprenda estos conceptos y los internalice para que todos y cada uno comprendan cabalmente su papel en la generación de la rentabilidad. De esta manera cada uno de los integrantes de la empresa, no importa su función ni su posición, entenderá que es uno de los Guardianes de la Rentabilidad.
